La XVII Mostra de la Cuina de El Pinós o las bondades de un pueblo por descubrir

El 14 de febrero se inicia la XVII Mostra de la Cuina de El Pinós, un sabroso y cultural motivo para visitar este pueblo, ubicado en la comarca del Medio Vinalopó en la provincia de Alicante. Aunque los motivos para acercarse y disfrutar haciendo turismo en El Pinós son muchos y muy atractivos, tal como nos mostraron Cristina Rodriguez y Jesús Martínez, de Eveento Experiencias Singulares en la jornada que organizaron conjuntamente con el Ayuntamiento con motivo de la presentación de estas jornadas.

Nos recibieron en el Centro de Interpretación Casa del Mármol y del Vino, unas modernas infraestructuras turísticas donde podemos hacernos una idea de la importancia que tienen estos dos sectores para El Pinós, un espacio concebido para adquirir algunas nociones que nos permitan disfrutar con más conciencia de la importancia de su paisaje y su historia. ¿Sabéis que en Pinoso se encuentra la cantera más grande a cielo abierto de Europa? Pues aquí te lo explican y te muestran las herramientas con las que se trabajaba esta cantera hace apenas medio siglo, evidenciando la evolución de un trabajo tan antiguo y tan importante para esta zona.

¿Y del vino? En su espacio se pueden ver documentos que atestiguan la calidad de los vinos de esta tierra reconocidos en la Exposición Universal de Barcelona de 1888, los instrumentos que se utilizaban en la época en la elaboración del vino y una amplia información con datos muy curiosos, como que en 1894 en Pinoso habían más de 400 bodegas que hablaban por sí solas de cuan relevante era en la vida de estas gentes.

Así te vas adentrando en este espacio y asimilando la vinculación de sus paisajes y su historia y del que aprendes más, por ejemplo, que en del subsuelo del monte El Cabezó de Pinoso se extrae la sal que luego se transporta hasta Torrevieja…Un buen paso previo para lanzarte a recorrer su entorno y sus calles.

Tuvimos la suerte de poder acceder a las Canteras de Crema Marfil en el Monte El Coto y contemplar la espectacularidad de esta montaña de mármol y la huella del trabajo humano, un paisaje digno de ser visto al menos una vez en la vida. Continuamos ruta hacia la Bodega de Pinoso, donde la Monastrell reina como lo hace en estos campos desde hace siglos y con la que elaboran unos vinos que desde 1997 son, al menos en su 50% ecológicos, siendo éste un gran distintivo de esta bodega, de la que el 90% de la producción embotellada se destinan a la exportación.

Entre montañas de mármol y vinos se había hecho la hora de comer, ¡bendita hora en El Pinós! Porque nos esperaba un arroz con conejo y caracoles a la leña con sarmientos de Monastrell que te deja el sabor de Pinoso grabado en la memoria. Fue uno de los momentos cumbres para entender el valor del trabajo de tantas y tantas mujere que han ido transmitiéndose de unas a otras la sapiencia de elaborar un arroz. Plato emblemático de Pinós, nos lo comimos en el Restaurante Alfonso. Ana Solar, madre del actual responsable nos explicó que lleva más de 30 años en la cocina y que ella heredó este saber hacer arroces de su madre…En la mesa, junto a las compañeras y compañeros de viaje había un invitado especial, Kiko Molla (responsable de La Escaleta, con dos estrellas Michelín). Su comentario sobre este arroz fue que lo único que hay que hacer es seguir conservándolo.

Y bien alimentados, pues en la comida no faltaron los embutidos típicos de aquí, ni las gachamigas, ni las chuletitas de conejo, fuimos paseando por el centro de El Pinós hasta la Torre del Reloj, esa torre que tuvieron que construir para sostener el reloj que le habían regalado al pueblo, una visita en la que no sabes que te sorprende más si la maquinaria de 1889 a la que le siguen dando cuerda cada día o las vistas que se contemplan desde lo alto de la torre.

Es febrero y hace frió y entramos en el Forn de La Chelo. No podiamos irnos de Pinoso sin disfrutar ese olor de horno de pueblo y sin saber porque son tan famosas sus perusas y sus toñas, que llegan hasta el Mercado Central de Alicante. Y encontramos a Ana Rico, quinta generación del Forn de La Chelo, trabajando con sus manos una masa que nos dice que es harina, yema de huevo y aceite, les peruses, una pasta que cuando la pruebas te llama la atención su liviandad. Mientras amasa la pasta con un ritmo que sólo se ha de conseguir con muchas horas de práctica nos explica que hace las pastas como le enseñaron su madre, su abuela y así sucesivamente.

Por último visitamos la Fábrica de Embutidos Espinosa & Espinosa, una empresa cuyos orígenes se remontan a la década de los 50 del siglo pasado, cuando “Antonio El Jumillano” llegó a Pinoso y empezó a elaborar embutido sumando las mejores cualidades de cada zona en su producto. El resultado fue tan bueno que aún se siguen elaborando, aunque la mejor forma de comprobarlo es probarlo.

Y así se acabó nuestra visita. En un día es difícil ver más cosas, aunque en Pinoso sí queda por disfrutar, saborear y pasear, así que nos vamos con ganas de volver.

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