Vinos que conservan paisajes

Joan Pastor i Crespo recuerda el entorno de la casa de sus bisabuelos, que luego pasó a sus abuelos y a sus padres y donde hoy tiene su bodega, Celler  Joan de la Casa, como un paisaje de viñedos, con almendros y olivos. Ubicada en la comarca de la Marina Alta de Alicante, en un trozo de tierra “privilegiada” como él mismo cuenta, porque se mete en el mar  y recibe su influencia, Joan Pastor tiene su celler  (bodega) y sus viñedos, 5 hectáreas repartidas en varias parcelas pequeñas, porque así es la idiosincrasia de este pueblo. Sin embargo en los últimos 30 años se ha perdido más de un 70% de las tierras de cultivo en este paraje, la agricultura es dura y el precio al que se le compra al agricultor la uva posiblemente no alcance ni para los gastos…Estas fueron las razones que empujaron a Joan Pastor a dar un gran giro.

De su abuelo heredó el amor por la tierra, la costumbre de cuidar los campos, la forma tradicional de elaborar el vino  y de su cosecha propia aportó la vocación firme de revalorizar la viticultura de la zona para mantener el paisaje, la clarividencia de que es casi imposible hacerlo con los precios que obtienen los agricultores por sus uvas o el vino a granel y el empeño por obtener de la uva autóctona por excelencia, la Moscatel de Alejandría, la máxima calidad expresada en vinos diferentes a los que reinan en el mercado.

En una tierra de mistelas y moscateles dulces, Joan Pastor se lanzó al mercado del vino embotellado en 2013, tras muchos años de trabajo con una apuesta propia: un tinto de Giró de la añada 2008 con 18 meses en barrica y un blanco seco Moscatel de 2012. Desde el principio sabía que si elaboraba vinos y dejaba de vender a granel tenían que ser muy diferentes, no podía competir ni por producción ni por precio con los grandes que llevan años haciendo vinos dulces de Moscatel, así que empezó por hacer vendimias mucho más tardías de lo habitual en esta zona. “Cuanto más madura la fruta más buena está ¿No?” pregunta con naturalidad. Siguiendo el método más fiable que conoce (ir probando las uvas en la cepa, independientemente de las mediciones de azúcares y acidez) apuesta por uvas bastante maduras (asumiendo los riesgos de una granizada que se lleve por delante la cosecha) con las que elabora blancos hechos como los tintos y un tinto. La filosofía, la mínima intervención tanto en el campo como en la bodega, para obtener las expresiones más auténticas de la tierra.

Con esa sonrisa en los ojos de quienes saben ver el lado bueno de la vida, Joan Pastor asegura que lo importante es el campo, que hay que cuidarlo mucho porque la viña es en sí misma un ecosistema  al tiempo que afirma que el clima de esta zona con pocas lluvias y la distribución de los viñedos en pequeñas parcelas separadas ayudan a evitar plagas y enfermedades en las plantas.

Así, con variedades autóctonas y cepas de considerable edad  (las de Moscatel tienen entre 40 y 60 años, y las de Giró entre 70 y 100), aplicando una agricultura ecológica en pro de la calidad y no la cantidad y una vendimia manual en cajas de 12 kilos, Joan Pastor elabora sus vinos sin aditivos, con levaduras autóctonas y sin correcciones: Nimi, Nimi Tossal y Nimi Naturalment Dolç con la Moscatel,  y Terra Fiter con la Giró, un total de 10.000 botellas anuales con las que quiere poner de manifiesto las inmensas posibilidades de estas uvas y revalorizar la viticultura de esta zona.

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